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Monstruos bajo la cama

Cuando cerraba los ojos, miles de cosas imaginaba, sobre todo cuando las películas de terror era lo último que veía antes de la meme. Pensaba que había monstruos bajo la cama y para levantarme tenía que dar un salto largo por temor a que me tomará por el pie.

Observaba lo obscuro de mi cuarto y mi imaginación despegaba cuando convertía cualquier sombra en un aterrador fantasma, aunque resultará ser sólo un árbol. 


El payaso “ESO” y el muñeco “Chucky” se apoderaban de mi infancia y le tenía un pavor a cualquier parecido con ellos*. Había días en que tenía mucho miedo en mi niñez, y en esos tiempos sólo deseaba ser un adulto fuerte y sin temores que se enfrentará a la obscuridad, sin embargo hoy comprendo que me gustaba ese miedo.


Porque la fantasía y la infancia son aliados que van de la mano y te permiten ver que una pompa de jabón es lo máximo en la vida y hace que disfrutes la lluvia sin importar las enfermedades que vengan después. Qué el mar es la creación más divertida y menos peligrosa que ha existido, y es un gusto enorme dejarte revolcar por las olas, sin preocupación de que genere algún daño. A comer por antojo y no por salud, ¡Qué demonios importa la estética! Que la preocupación por el mañana es lo último que pase por la cabeza. También te permite ser el mejor arquitecto y demostrar que los castillos pueden ser indestructibles y firmes aunque sean hechos de arena. Así como conservar y apreciar una moneda y pensar que puedes comprar el mundo con ello. Creer en un ser gordo y barbudo que es buena onda y que en una noche se la pasa regalando juguetes. Pensar que los dientes son buenos trueques para los ratones y que no importa como luzcas en ese momento sin ellos. Saber que Peter Pan cuida de los niños perdidos en la Tierra de “nunca jamás”. Sentir curiosidad por el cielo azul y querer descubrir dónde va la luz cuando se apaga y desaparece. Que se puede tener un buen amigo que es peludo, que corre más que tú y que babea la casa, aunque tu mamá se enoje,  lo defiendes porque es tu amigo. También, que no importa llorar y que te vean. A creer siempre en todo sin importar cuánto te mientan, pero sobre todo… las peleas sólo duran unos minutos, y después la amistad sigue.

Y es esa gran virtud del perdón, es la admiración más grande que tengo de los infantes.

Los monstruos bajo la cama todavía existen, sólo que la fantasía y la infancia se han marchado y éstos no son más que problemas financieros, de amor, de trabajo, de estudios ó hasta de enfermedades y muerte.

Nuestros monstruos cambian, pero depende de cada uno si decidimos revivir un momento de aquellos días. Por eso niño… hoy disfruta a tus fantasmas, pero sobre todo a tu fantasía, porque la infancia como quiera se irá pero el mundo de la fantasía sin duda te ayudará a transportarte en el tiempo para poder recordarla.

*Pensé que ya había superado el pavor que me daba el payaso Esso, pero ni siquiera pude poner una imagen de él,.. vaya dilema

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